Por que no contratar universitarios

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Cada vez es mas fre­cuente que las ofer­tas de empleo inclu­yan entre sus requi­si­tos mas estric­tos el poseer algún tipo de titulo universitario.
Si bien la pose­sión de dicho titulo infiere que el can­di­dato posee cono­ci­mien­tos sufi­cien­tes, la reali­dad indica que no es del todo cierto.
El caso mas claro es una per­sona que puede haber desa­rro­llado la misma fun­ción durante años, incluso una supe­rior a la posi­ción a cubrir, y sin embargo se lo excluye direc­ta­mente del pri­mer fil­tro en la búsqueda.
Pero este no seria el pro­blema, ya que con una minima capa­ci­ta­ción en la tarea espe­ci­fica, nos ase­gu­ra­mos el tener a alguien que a pasado por la facultad.
Pero jus­ta­mente, el “pasado” por la facul­tad, no nos ase­gura que sea una per­sona inde­pen­diente, que tra­baje en equipo (aun­que hagan prac­ti­cos en gru­pos en alguna mate­ria), como tam­poco nos ase­gura que haya apren­dido todo lo necesario.
Y como si esto fuera poco, las soli­ci­tu­des de un empleo de un call cen­ter, por ejem­plo, tam­bién inclu­yen entre sus requi­si­tos la pose­sión de un titulo uni­ver­si­ta­rio, o al menos estar en los últi­mos años de la carrera.
Con que objeto? Por­que para un call cen­ter de ven­tas nece­si­ta­mos un per­fil “cha­mu­yero”, mas apren­dido en la calle y fuera de los claus­tros que den­tro. Para un Call de aten­ción a clien­tes nece­si­ta­mos alguien mas caris­má­tico que “estudiado”.
Y, como el Call Cen­ter toma gente uni­ver­si­ta­ria o pronta a reci­birse, cae en el riesgo de que el ya reci­bido con­siga algo mejor, o el pronto a reci­birse con­sigo un tra­bajo de tu pro­fe­sión y tam­bién se vaya.
Es cierto que la rota­ción en los calls es alta, no solo por esto sino por­que tam­bién es un tra­bajo que “te quema la cabeza”, pero por un tra­bajo de 6 horas, donde nece­si­ta­mos alguien “caris­má­tico” por ejem­plo, no seria mejor tener un plan­tel de gente mayor, que nor­mal­mente no con­si­gue empleo y será res­pon­sa­ble por su tra­bajo, que no tiene que tomarse “días de exa­men”, que no tiene que tra­ba­jar para las sali­das del fin de semana sino para vivir (en todo su sentido) ?
Creo que esta ya asen­tada ten­den­cia de “uni­ver­si­ta­rios o pron­tos a reci­birse” esta dejando fuera del mer­cado a un mon­ton de gente intere­sante, auto­di­dacta, mucho mas hábil para la mayo­ría de los pues­tos a cubrir que alguien que viene de haber repe­tido una serie de libros y apro­bado un par de exá­me­nes, asi sea con lo justo.
El merito de un titulo uni­ver­si­ta­rio no indica ido­nei­dad para la tarea que nece­si­ta­mos cubrir.

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Twitter no entendió la globalización

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Hace tanto que no escribo que ya hasta me estaba olvi­dando del blog.

 

Lo de siem­pre, ter­mino escri­biendo o reco­lec­tando cosas que nunca van, pero aca va una mas, al menos para decir que escribo una vez al año.

 

Hay algo que me molesta sobre­ma­nera de Twit­ter, en cual­quiera de sus “inter­fa­ces” para usarlo, y es que muchas veces te encon­trás como este de @pequeton donde regala entra­das para un con­cierto de Depe­che Mode.

 

El pro­blema es: con­cierto? Depe­che Mode? De que habla? Si, teó­ri­ca­mente en España, por­que entro a mirar al que le hizo RT o a su cuenta, ver si dice (con suerte) de donde es la cuenta, asu­mir que vive ahí, etc etc etc.

 

Si hoy en día no segui­mos y/o somos seguido solo por gente de nues­tro país, ni siquiera de nues­tra pro­vin­cia, soy yo solo el que cree que seria bueno que suma­ran a twt y a su API el dato de loca­li­za­cion, o pais o ciu­dad? (y me refiero a por defecto, no for­zán­dolo como se puede hacer).

 

Listo, me abu­rrí, sufi­ciente por este año.

Desempleo y falta de talento

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Por Raúl Her­nán­dez González

Hay un tema al que le vengo dando vuel­tas últi­ma­mente. Por un lado tene­mos un país con unos seis millo­nes de para­dos. Pero por otro, son ya varias las con­ver­sa­cio­nes que man­tengo con dis­tin­tas per­so­nas que inci­den en la misma sen­sa­ción: que “hace falta gente buena” en las empre­sas, que es muy difí­cil encon­trar “gente solvente”.

¿Cómo es posi­ble? ¿Acaso es que todos los para­dos son “inú­ti­les”, caren­tes de “talento”? Es evi­dente que no. De hecho, conozco bas­tante “gente sol­vente” que forma parte de ese con­tin­gente de para­dos, y que está sufriendo mucho para salir de esa situa­ción; mien­tras que por otro lado las empre­sas les nece­si­tan. Y sin embargo, no se encuentran.

Sos­pe­cho que hace falta un cierto “cam­bio de chip” a la hora de enfo­car el asunto, que ayu­da­ría a faci­li­tar ese encuen­tro. Tra­di­cio­nal­mente, la rela­ción labo­ral se esta­ble­cía en torno al “puesto de tra­bajo”. Una posi­ción per­fec­ta­mente defi­nida, un cua­dro en un orga­ni­grama, una voca­ción de per­ma­nen­cia. Es lo que las empre­sas esta­ban acos­tum­bra­das a ofre­cer, y los can­di­da­tos acos­tum­bra­dos a bus­car. En torno a esta enfo­que tam­bién se cons­tru­ye­ron los meca­nis­mos para casar oferta y demanda: las des­crip­cio­nes de pues­tos, los anun­cios en el perió­dico, el envío de un curri­cu­lum, los pro­ce­sos de selección…

Sin embargo, cada día es más difí­cil ofre­cer un “puesto”. Las empre­sas siguen nece­si­tando talento, pero tie­nen difí­cil crear posi­cio­nes estruc­tu­ra­les con voca­ción de per­ma­nen­cia, con con­te­nido aco­tado. Ese enfo­que, en el entorno eco­nó­mico del siglo XXI, no se sos­tiene. Las empre­sas nece­si­tan per­so­nas sol­ven­tes, poli­va­len­tes, que sir­van “para un roto y para un des­co­sido”, que se orga­ni­zan en for­mas de redes en torno a pro­yec­tos trans­ver­sa­les, donde el con­te­nido del tra­bajo cam­bia de un día para otro, donde a lo mejor apor­tas valor inten­sa­mente durante uno o dos años y luego ya deja de tener sen­tido tu presencia.

Lo malo es que muchas empre­sas no han sido capa­ces, toda­vía, de dige­rir este cam­bio de enfo­que. Siguen en el para­digma de los pues­tos, del orga­ni­grama, del título. Las con­di­cio­nes eco­nó­mi­cas les impi­den crear y man­te­ner esas posi­cio­nes, y sin embargo siguen nece­si­tando cabe­zas. Si se libe­ra­sen de ese corsé men­tal, si fue­sen capa­ces de incor­po­rar y ges­tio­nar per­so­nas de una forma más fle­xi­ble, de “tole­rar” esta orga­ni­za­ción más “desor­ga­ni­zada”… se abri­rían muchas opor­tu­ni­da­des para con­tar con pro­fe­sio­na­les valiosos.

Pero no son solo las empre­sas las que tie­nen que cam­biar el chip. Muchos de esos “pro­fe­sio­na­les valio­sos” que se encuen­tran en una situa­ción de des­em­pleo siguen tam­bién pen­sando en tér­mi­nos de “puesto de tra­bajo”. Aspi­ran a un con­trato inde­fi­nido, con voca­ción de per­ma­nen­cia, con las res­pon­sa­bi­li­da­des y fun­cio­nes bien aco­ta­das, a un título, a una esta­bi­li­dad. Les cuesta verse a sí mis­mos en esa orga­ni­za­ción “desor­ga­ni­zada”, como miem­bros de una red, como ele­men­tos que se unen y se sepa­ran entorno a pro­yec­tos y afi­ni­da­des. Siguen espe­rando “encon­trar su sitio”, cuando es cada día más difí­cil que esos “sitios” exis­tan. Siguen pen­sando en el “empleo”, cuando lo impor­tante son los ingresos.

Deri­vado de ese “cam­bio de chip”, tam­bién cam­bian los medios. La oferta y la demanda ya no se cru­zan a tra­vés de los anun­cios en los perió­di­cos, de las webs de empleo, del envío de un curri­cu­lum “a ver si hay suerte”. Los “ofer­tan­tes de talento” (anti­guos “deman­dan­tes de empleo”) tie­nen que cons­truir una pro­puesta de valor, defi­nir una estra­te­gia para darse a cono­cer, “ponerse en el mer­cado”, ges­tio­nar rela­cio­nes. Los “deman­dan­tes de talento” (anti­guos “ofer­tan­tes de empleo”) tie­nen que ver­ba­li­zar sus nece­si­da­des, tie­nen que tener ojos y ore­jas bien abier­tos para detec­tar posi­bles per­so­nas afi­nes que pue­dan cola­bo­rar con su pro­yecto, tie­nen que hacerse atrac­ti­vos, adap­tarse con fle­xi­bi­li­dad a lo que el talento pueda nece­si­tar, ser capa­ces de ges­tio­nar la rela­ción a lo largo del tiempo…

En defi­ni­tiva, es un cam­bio de men­ta­li­dad. Ganarse la vida no es fácil, como tam­poco lo es sumar talento a una empresa. El “puesto de tra­bajo”, y todo lo que con­lleva, es una res­tric­ción que lo hace aún más difí­cil. Una res­tric­ción ade­más auto­im­puesta. Si nos libe­ra­mos de ella el hori­zonte se amplía, las empre­sas tie­nen más fácil con­tar con el talento que nece­si­tan, y las per­so­nas tie­nen más fácil gene­rar los ingre­sos para sostenerse.

Paro y falta de talento” http://feedly.com/k/16iYhLt

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La muerte de un significativo

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Ayer murió Hugo Cha­vez, dic­ta­dor ele­gido bajo una coar­tada volun­tad popular.

 

Es que aun­que sea demo­crá­tico el pro­ceso, la manera que tiene esta gente de acer­carse al poder y per­du­rar en el, es cuando menos nefasta, gene­rán­dose ellos mis­mos las con­di­cio­nes apro­pia­das para que sea tan difí­cil comu­ni­car los erro­res como dejar el modelo impuesto.

 

Un tipo que hace un golpe de estado fallido y que luego busca ser ele­gido demo­crá­ti­ca­mente, un tipo que supo, bien o mal (bas­tante más mal que bien), hacer lo que pocos somos capa­ces de hacer, lle­var a cabo su idea y su pro­yecto, saciar su ambición.

Alguien que lleva a cabo lo que quiere, que de buena o mala manera lo con­si­gue. Por­que si vamos al caso, muchos apli­can malas mane­ras, estro­pean vidas aje­nas, y ni siquiera así con­si­guen lo que están bus­cando. Hay que ser habi­li­doso, en algún sen­tido, para con­ven­cer a tanta gente, para callar a tanta otra, para cam­biar las con­di­cio­nes del juego, y muy habi­li­doso para sos­te­nerse en ese camino.

 

Este tipo fue tan sig­ni­fi­ca­tivo en lo suyo que su muerte causó un revuelo impre­sio­nante, y su vida dejó faná­ti­cos y enemi­gos acé­rri­mos por igual. Eso, en mi opi­nión, es no pasar desapercibido.

 

Es el momento opor­tuno para sus opri­mi­dos, momento de ver si son capa­ces de doble­gar esfuer­zos y apro­ve­char las con­di­cio­nes para gene­rar un pro­ceso de recons­truc­ción y cambio.

La muerte no es solu­ción  Pero ya que no le supie­ron encon­trar la vuelta mien­tras vivía  qui­zás ahora con este “empu­jón” puedan.

 

Es momento para sus segui­do­res de ver si tam­bién son capa­ces de con­ti­nuar y sos­te­ner su modelo.

En defi­ni­tiva, es momento de cam­bio, y el cam­bio dicen, es siem­pre bueno.

No regrets

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Hace casi tanto que no escribo nada como tiempo hace que no le dedico a la ela­bo­ra­ción de ideas, (bolu­das en su mayo­ría obvio).

Peeero, si hay un dis­pa­ra­dor para que mi cere­bro se ponga a hacer sinop­sis con los con­cep­tos más des­ca­be­lla­dos, ese es el viaje en colec­tivo, y con­si­de­rando que vamos como por el ter­cer día hábil sin subte y que la ciu­dad es un caos, apa­re­ció sinop­sis again.

La cues­tión del día es: no regrets, del anglo: no me arre­piento de nada.

Ete aquí (Ete? Así? En la vida lo vi escrito, como es?) que tene­mos hasta el último sus­piro para arre­pen­tir­nos de algo, eso es sabido sobre todo por los cató­li­cos, pero.. si el último segundo es ahora? Cagaste! (del criollo)

Vivi­mos sin asu­mir del todo la muerte, y si de a poco la asu­mi­mos, nunca lo hace­mos en época de estar en con­di­cio­nes de morir, es decir, desde el día 1.

Cree­mos que no nos toca hasta 5 años antes de la expec­ta­tiva de vida vigente (con esos 5 jus­ti­fi­ca­mos algún que otro exceso pre­sente o pasado), y con­se­cuen­te­mente vamos viviendo con la con­si­de­ra­ción de que el tiempo de arre­pen­tirse ya lle­gará o estará dis­po­ni­ble, pero no es cierto.

El amparo en el arre­pen­ti­miento futuro es medio­cre, por­que nos per­mite no hacer el esfuerzo ahora, no pero a la vez nos impide apren­der de lo que haya­mos hecho, tomar acción y corre­girlo,  y nos deja en un borde en el que si la muerte nos encuen­tra, no nos dará tiempo.

Es nece­sa­rio ser de esas per­so­nas de pelí­cula que luego de un evento cer­cano a la muerte se vuel­ven bue­nas? Nop.

Tam­poco es nece­sa­rio ser un boludo que va por la vida sin recor­dar, o un falso men­ti­roso que plan­tea el arre­pen­ti­miento de la boca para afuera.

Hay que vivir sin olvi­dar que nos pue­den fal­tar 70 años o 7 segun­dos, hay que vivir livia­nos de car­gas al pasado, de nues­tro com­por­ta­miento no con­viene ampa­rar­nos en la mayo­ría de los casos, por­que está­ba­mos apren­diendo. Pero es hora de son­reír y dis­fru­tar mien­tras se hace el camino, por­que el camino no le queda al que nos sobre­vive, le queda lo vivido, le queda el ejemplo.

Sufi­ciente.

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