La his­to­ria me la contó Julio Can­celo y me pare­ció digna de “difusión”.

 

Años setenta… Mon­zón en el pináculo de su fama, reco­rría el mundo des­tru­yendo riva­les a mamporros.

Llega a París a pre­pa­rar su pelea con Bou­tier, y Alain Delon y otros per­so­na­jes galos le ges­tio­nan que la comuna le entre­gue las lla­ves de la ciu­dad, en señal de admi­ra­ción. Lec­toure se pasa los dias ante­rio­res al home­naje recal­cán­dole hasta el har­tazgo: “Car­los, para agra­de­cer, lo único que tenés que decir es ´merci beau­coup´, acordáte”.

 

La noche de la cere­mo­nia via­jan en limou­sine desde el hotel al lugar de la cere­mo­nia y Lec­toure va todo el viaje repi­tién­dole lo mismo: “Car­los, acor­dáte, ´merci beau­coup´, no te con­fun­das”, y Mon­zón res­pon­diendo “Ufa Tito, que te creés, que soy un bruto”.

 

Final­mente llega la entrega del reco­no­ci­miento, el dis­curso emo­cio­nado del Alcalde de París, los flas­hes de los perio­dis­tas del mundo entero y Car­los que dice con toda la boca “Pipí cucú”.

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